Microrrelatos

Pausa

Escuchaba con los ojos cerrados, aunque costaba mantenerlos así. Poco a poco iba cesando la fuerte lluvia que se convertía en un delicioso susurro al que el viento permitía hacerse oír. De este modo, los ojos se mantuvieron cerrados de forma natural, ya no pugnaban por abrirse ante el temor de recibir un golpe inesperado.

Al rato, volvió a abrirlos. La lluvia había cesado aunque persistía su olor. La tierra sedienta se mostraba agradecida. Las rocas brillaban sonrientes y los pájaros acudían raudos a los pequeños charquitos formados a beber y remojar sus plumas.

Al frente pudo ver de nuevo el camino. El pequeño solapón en el que se refugió permitía una vista a larga distancia. Antes no lo pudo apreciar, la bruma intensa se lo impedía, aunque no le agobió. Desde chico apreciaba ese mar que lo rodeaba acariciándolo.

Levantarse y comenzar a andar se sucedieron enseguida. Pequeños riachuelos fugaces se deslizaban ladera abajo y el barro recién formado acogió a las botas que pisaban con ánimo.

Ya voy, musitó…

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