Presentaciones

Presentación de Shet Atri

Buenas noches, me llamo Máximo González y hoy estoy con todos ustedes acompañando a Ignacio Reyes en la presentación de su nuevo libro. En calidad de amigo, sobre todo, y como representante de Ediciones Tamaimos que es la editorial en la que presenta el libro que hoy nos reúne aquí. Quería aprovechar para dar las gracias a la AV. Schambenito por cedernos el espacio en el que nos encontramos y a ustedes por venir y participar en la presentación del que va a ser el octavo libro, ya, de Ediciones Tamaimos.

Antes de empezar con la presentación del autor, me gustaría, también, agradecer la enorme profesionalidad y el gran trabajo que ha realizado Sergio Hernández, el artista y diseñador responsable de la cubierta y maquetación de esta novela con la que se inauguramos un nuevo formato, al estilo de libro de bolsillo, para textos no muy extensos.

Ignacio Reyes García, para quién no lo conozca, nació, esta última vez, en Santa Cruz de Tenerife en 1962. Es Doctor en Filología y Licenciado en Historia. Ejerce como profesional independiente en el ámbito de la investigación y el desarrollo en Ciencias Sociales y Humanas. Es autor de una veintena de publicaciones especializadas sobre diversos aspectos identitarios de la sociedad canaria, también ha desarrollado esos contenidos como asesor científico y traductor en numerosos proyectos culturales.

Su producción de las últimas dos décadas ha estado centrada en el estudio de las antiguas hablas amazighes (o bereberes) de las Islas Canarias, actividad que ha compendiado en una obra lexicográfica, el Diccionario ínsuloamaziq (2011). Existe una versión digital, ampliada, corregida y aumentada a la que se puede acceder por Internet a través del sitio web <imeslan.wordpress.com>, y el léxico amaziq-español (o LAE), en la dirección <amaziq.wordpress.com>.

Hace poco más de un mes presentó también un Diccionario intemporal del amaziq insular (DIAI), compuesto por materiales lingüísticos obtenidos de personas fallecidas, tal como de forma literaria se relata en esta novela.

Yo no quiero extenderme mucho, solo quiero dar cuatro detalles sobre el libro y dejar a Ignacio que hable.

CUBIERTA SHET ATRI

Al estilo de Cortázar o de la Biblia este libro es muchos libros. Es, en primer lugar, la historia evidente de un grupo de personas, una historia que se mueve adelante y atrás en el tiempo, que para Ignacio es una dimensión humana que no va más allá del momento que fija. Una idea a la que seguiremos volviendo.
Es una historia, decía, que se sostiene en una prosa bellísima, que, en sí misma, da la excusa o el motivo para seguir leyendo. Es una escritura enrevesada, recargada, densa pero navegable, un trabajo de artesano, delicado, en el que cada palabra parece elegida (y estoy seguro de que lo está) por alguna oculta razón que obliga a releer, porque su abundancia abruma, sus páginas llenas de detalles, de descripciones precisas y de metáforas hermosas que huyen de lugares comunes o de caminos ya andados. “Comenzaba a soplar un viento adusto que ascendía casi a ras de suelo desde la costa. Venía saciado, viscoso, mezcla de polvo y sal, improvisando tolvaneras…”

Es un texto, además, que parece incompleto, que salta, que obliga a rellenar los huecos, y uno piensa (o desea) que el autor podría haberse explayado aún más, ampliado la historia, añadido trama que nos conduzca a lo que conocemos como lectura o novela al uso y que nos tranquilice el espíritu llevándonos de la mano a conclusiones más o menos esperadas.

Pero no, no es así. Ignacio es un poco cabrón y lo lleva a sus textos, no lo digo en el sentido de un intelectual inaccesible, farragoso, que imposta un bosque que acaba siendo una hilera de árboles, detrás de los que no hay sino un solar yermo, no. Ignacio tiene cosas que decir, muchas y algunas controvertidas, y las deja caer, para engatusarnos, atraparnos, invitarnos a la reflexión, contrariarnos. Decía que este libro es muchos libros y otro ejemplo que lo ilustra y que descubrimos a lo largo de su lectura es que se trata de una novela que está lleva de aforismos. Llena de sabiduría. De hecho, una vez identificados, podemos ir saltando de uno en otro, sin reparar en la historia, y gozaríamos de un texto enriquecedor también. “Si persigues el camino del otro -escuchó Íride-, llegarás al destino de otro”. A grandes rasgos podemos decir que es una novela sobre la culpa, el perdón y la virtud: “la culpa solo se expía cuando se prepara el corazón para recibir nueva luz”, dice. Y así nos invita, nos prepara, para un proceso profundamente humano, social y necesario: solo a través de la virtud (“Difícil producir algo saludable alejados de lo único que nos rescatará de nosotros mismos, la bondad.”) podemos resarcirnos y liberarnos de la eterna repetición que es nuestra vida. Otro concepto que, para Ignacio, trasciende el tiempo, ese artificio que nos constriñe. Nuestra vida, en el texto, son todas las vidas que hemos vivido de las que solo recordamos una melancólica reminiscencia, y aquí Ignacio, entronca, como apunta en la introducción, con la concepción amaziq de la sociedad que incluye a los vivos y a los difuntos. Representando la muerte solo un cambio de estado para el sujeto (que puede ir hacia estados más elevados o regresar a atormentarse). Y ahí lo dejo, y que después se explaye Ignacio.

Decía que el libro es muchos libros. Decía, también, que Ignacio es un especialista en el estudio de las antiguas hablas amazighes de las Islas Canarias. Y este es otro de los jugosos recorridos que nos propone. Un paseo por lo que fue Canarias, por lo que fuimos, por lo que estuvo aquí, donde estamos ahora y que sigue estando de una forma u otra. A través de las palabras que desgrana, fiel a su doctorado en filología y a su vocación didáctica, nos enseña que nunca nos fuimos, que seguimos siendo en el uso de mucha terminología (baifo, balo, mencey, maguada, tibicena, tabaiba…), pero también en comportamientos arrastrados de las épocas más antiguas de las que habla el texto (nuestra vida son todas las vidas que hemos vivido, como decía, o que han vivido los que nos precedieron y nos heredaron, quédese con lo que más se ajuste a su creencia) y que podrían explicar la situación en la que se encuentra este país, Canarias, necesitado de perdón y virtud. “No nos equivocamos -matizó Alejandro con un resto de amargura-, solo perdimos. Hicimos los correcto, pero nuestro tiempo había terminado.”

No quiero extenderme más, solo dejar en el aire, las ilustraciones que acompañan el inicio y los cambios de capítulos. Son tarhas, el término amaziq para el hispánico pintadera. Las diseñó el propio autor. Representan un estado concreto y conducen el texto.

Sin más los dejo con Ignacio.

____________
 
Las Palmas de Gran Canaria, 15.VI.2018.

Deja un comentario