Microrrelatos

Danza

Amanecía, y el frío se coló entre los pliegues de su vieja capa cuando salió a contemplar el espectáculo del silencio. Lo sintió precioso, con esa belleza que da el fin inminente, pues la plaza se llenaría pronto de gente. Era en esos momentos cuando la nostalgia se apoderaba de su alma, anhelando danzar, como en tantas ocasiones, en la tierra blanca de aquel páramo donde vivía. Su pierna se había quebrado, pero su música sonaba más fuerte, tanto que ya no necesitaba el silencio para oírla.

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