Microrrelatos

El ocaso de los dioses

«¡Te lo advertí, te lo advertí!», me decías exasperada, llorando, con las manos en la cabeza. Quise decirte que todo iría bien, que saldríamos de esa, como otras veces, que nos reiríamos de esto. Pero sólo pude abrazarte, decirte de esa manera que estaba contigo, que no te dejaría. Lloramos juntos para quedar en silencio, abrazados, largo rato…

Ahora te has ido, ya no estás, el silencio te llena, ya no sonríes con esa mirada risueña que tanto me invita a besarte. Ya no ríes con ese timbre que a algunos les suena extraño pero que a mi me conmueve el alma. Ya no me acaricias con tanta dulzura que quiero que se pare el tiempo. Recuerdo que la primera vez que te vi sólo pude decir…eres preciosa… y te reías, ¿recuerdas?

No te abandonaré, mi amor, pronto estaremos juntos, ya vienen. No me queda mucha munición y los veo venir. Unos lo hacen por obediencia, otros por estupidez, otros por miedo, otros por codicia, algunos por todo ello junto. Se les ve el miedo, pero embisten de nuevo. Pronto estaremos juntos.

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