Escribía una carta al vacío, una y otra vez lo intentaba pero no podía culminarla. Me restregué nuevamente los ojos de incredulidad. ¿Dónde estás?, ¿por qué este torbellino de felicidad se ha acabado tan abruptamente? Cuando te fuiste, casi sin despedirte, te pregunté desesperado: ¿adónde vas? Y sólo me respondiste con tu mirada profunda como el mar, atravesándome el alma, para luego volverte y salir corriendo con tu melena escarlata al viento. ¿Será hasta pronto? ¿Será hasta siempre?
Inmediatamente eché de menos tu risa, tan extraña, tan estimulante, parecía que la llevara oyendo décadas aunque sólo fuera durante una semana. Eché de menos tu mirada gatuna, azul marino, intensa, electrizante, mientras intentaba desentrañar tu alma, parecía que nos conociéramos de hace mucho tiempo. Al poco cesaba en mis pesquisas por ese día y me acercaba a sentir tu aliento.
¿Dónde estás?, repetí agotado, poco antes de quedarme dormido con la cabeza apoyada en el escritorio, el bolígrafo vencido ante la realidad inabarcable, mientras se abrían los sueños que anhelaba recordar contigo… ¿Dónde estás…? Un último hilo de voz se apagó, susurrante…
👍👍
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