Poesía

de la memoria armada

I

he incendiado
los ojos de la brisa

el hombre

justo en la comisura
de la sangre

amanece memoria
velando los espejos

[1982]

II

el latido se busca fuera de sí mismo
y se aparece en la hierba
cuando siente muy cerca
la secreta ceniza que humedece los huesos
 
así ocurre en la carne imprevista
un sabor indeleble
por el lienzo del hombre
tan ajeno a este albor indiviso
que desprende tu llanto
 
y parece posible
vivir
desde otro siglo
venir
desde otra estela
mecer hasta la pena
el alcance antiguo de la daga
y consumir el error decentemente
para que no persigan las aguas los sentidos
 
y al fin el humo talla la distancia
a una plegaria indigna de este grito
y sólo bridas de tiniebla extinguen
treguas y miradas cimbradas
después murallas o enigmas
pesando furias pesando
hallando rastros
silencios
a través de la hoguera
en la savia desnuda que no toca las islas
hacia dónde corremos
si es así que sucede el vacío
 
ninguna vanidad resulta
más opaca al pasado
que aquella de alentar dos sueños
            [1987]

III

la lluvia ignora que murieron otros
 
no hay leyendas furtivas
ni tamaños del hambre
apresando las sienes
 
si acaso fue
como incendiar de olas
la mansa rutina de los mitos
como tronar de luces
la fatua consistencia de las balas
 
qué ha sido del pueblo
en la voz
y aquellas dudas convictas
            [1987]

IV

creímos que era hermoso
desatar la noche
cruzar el alma nueva conjurados
subir el rostro cierto hasta el abismo
y descifrar la huida
donde todo comienza
 
en vano finge la existencia quien olvida
el futuro tiene orillas recientes
y una urgencia metálica en el paso
            [1987]

V

cuanto nace o muere
en la raza ilegible del cristal
viene del sol
y al cabo
a nadie aflige
 
tal vez ya nada nos devuelva
el destino
la razón y la magia que atraviesa el poema
el tumulto y la rabia que defiende las calles
la caricia y su himno que claman justicia
desde abajo
sin mañana ni gloria
desde abajo
 
en la urdimbre del barro
donde espera un designio
para asirse del fuego
tan sereno
consternado
y enhiesto y desolado
 
al alcance del odio javier
al alcance del odio y del juicio y del orden belén
 
donde estuvo el aliento
de ayer
donde estuvo la vida
de ayer
derivando fronteras
de ayer
derivando la celda también
            [1987]

VI

ahora mismo
un poniente
de signos y espejismos
nos devora incluso
el pulso de los muertos
la fuente de las voces
hasta el arco tibio
de tus labios
ciñéndose de apuro
al origen de los días
 
ahora mismo
tantas ráfagas de gritos
se pueblan de algas
y tormentas de brazos
fondean en un gesto
que aquella piel
donde aún nos arden
las preguntas
también espesa
azogue en el crepúsculo
            [1987]

VII

como puedes ver aquí y ahí
ése es el río
 
poco importan
la efigie y su atavismo
la densidad del mal impone ser sinceros
 
a once días de septiembre
en el preciso momento que llega
con sólo su condena de rumbo
 
se detiene en las horas
y abomina
vigila en la indolencia
y desafía
conspira en el instinto
y amenaza
y su amenaza asedia la cordura
embiste
la alameda quebradiza de los besos
asalta
las columnas del sol que es el estribo
y hace presa
en el ámbito rebelde de tus manos
 
sabes que apelará otra vez
lo sabes
al humilde silencio de los trigos
sabes que dictará otra vez
lo sabes
la suerte del cielo y la costumbre
sabes que acudirá otra vez
lo sabes
al cifrado albedrío de la tribu
 
de ahí que si aún no has nacido por entonces
tan hiriente como rompe en las entrañas
quizá no se te oculte
a once días de septiembre
qué insomnio engendrará esta vez
qué lechos costará esta vez
qué dioses traerá esta vez
 
porque también en la tarde que damos al destierro
a once días once de septiembre
ya habremos muerto antes muchas muertes
            [1984]

VIII

cada cual desangre sus pupilas
quedamente
con las abras desnudas
y una lumbre en el pecho
que resiste
que aguarda y teje entre las ruinas
 
cada cual construya su protesta
nuevamente
con las brasas trenzadas
y una estrella en el pueblo
que resiste
que corre y ama entre sentinas
 
sale vuelve mira
os cravos se armam de abril
y juntan ritmos astillados
 
es hora de cavar
bien hondo las trincheras
bien hondo
las trincheras del pájaro
y el hacha
del cárabo y la vela
            [1984]

IX

a la hora inicial del cuerpo abierto
cuando la ansiedad se estira
en nuestro sueño
y un instante sin anclas
quiebra entonces las palabras
deja el árbol su lugar en el muro
y tiembla acaso
latiendo alas tenuemente
            [1992]

X

como ruge el silencio
en el quicio del miedo
nos perderá la ternura
compañera
con la voz de matar
todavía en los sueños
con los ojos de amar
todavía encendidos
y ni un solo espejo
que plantar en las cuencas
de los años fríos
 
sin embargo
nos crecerán auroras
entretanto
con pequeñas audacias
silvestres y un viento
tenaz como la tierra
y un libro fértil
como la forja misma
de los mares soledad
un tiempo compañera
que acaso devolverá
a la sangre
el tacto nuevo y abierto
que ahora armamos
con la piel de vivir
            [1992]

XI

en medio del último futuro
que aún nos pertenece
la palabra y tu cuerpo
se difunden vitales
en levísimos contornos
ciegos sin raíces
igual que un regazo de hojas
palpita este equilibrio
no andado
 
el deseo dilata
la orilla del sol
entre tus manos
abre
los siglos y las venas
emergentes del misterio
disfruta
el vértigo inflamado
del comienzo del mar
 
y qué sabemos nosotros
del dialecto mineral de las aldabas
o de la ronca tortura
que devana este exilio
 
aún hemos de andar
otra página abrupta y sin distancias
otra esquina de tormenta rítmica
y mil ramos
de puños malheridos
cargados tiernos rojos
como ideas
gritando firmamentos y banderas
aunque nos persiga
la lengua circular
de los augures
aunque nos queme
la fe de los conversos
de vuelta
al rito y al salario
aunque prescriban de nuevo
la aflicción de la conciencia
guardando
los calibres de las sombras
 
esta es la verdad que entonces escogimos
entre insolente y limpia pese a todo
vacilante y fecunda casi a un tiempo
 
no lo olvides jamás
mientras decides compañero
hoy fuimos también
ese puente en el destino
            [1992]

XII

a quién alivia ahora
un recuerdo que dibuja intacta
la furia de las manos
 
de otra libertad hablan los signos
en la impostura de un tiempo sin lenguaje
 
mas la imagen apenas visible
de los versos
sólo habita la causa siempre frágil
de los actos enteros
 
por eso néstor
porque aun bajo la tierra nocturna
piensa el ojo infinito
las edades del mundo
por eso hijo
porque ya nada estremece
los terrores innobles de la hiedra
hemos de dar ardiente al oleaje
otra implacable inocencia clandestina
            [1991]

XIII

en el fondo insurgente del alba
un horizonte
de llamas sin sonido
madura
árboles y adobes grávidos
girando a la deriva
sobre los flancos
terribles de la historia
 
trae la noción intacta
de un tiempo espiral
que ya no existe
una estación humeante en la carne
nómada del agua
el ojo de un eclipse
que dibuja
un movimiento de siglos
una clave remota
que apenas nos contiene
la verdad torturada
contra las aristas humanas
del planeta
 
y emerge muy despacio
por las ramas feroces
de este invierno celeste
unánime homogéneo
aleteando a ciegas
en el vientre eterno
de un dolor consciente
a pesar de la pasión confusa
que habita en las palabras
 
de la melancolía turbia
que crece entre las piedras
 
del valor impreciso
que aísla las cautelas
 
a pesar de tantas tierras fugaces
temblando de inocencia
 
jamás detiene la luz
la lengua rocosa de la inercia
y hasta de la más pequeña
aurora leal fabricarán
lunas de neón
y zócalos de espanto
 
tan sólo las olas
perduran
 
pero cuanta voluntad desnuda
nos mide a nuestro sueño
cuanta vida líquida
nos fragua la cadencia
cuanto caudal de cuerpos
nos converge
 
ha de escrutarnos todas las certezas
ha de blindarnos todas las nostalgias
ha de cruzarnos lentamente
el nombre de la guerra
antes de anudar otra esperanza
antes de empuñar otras heridas
que hoy todavía cercados
disparamos
que hoy todavía dolientes
conocemos
            [1981]

XIV

hasta el día que hoy consumen las arenas
una parte del hombre desfallece en la umbría
se tuerce se aleja se hace otoño
y ya no se pregunta sí
no se pregunta
qué fue del corazón de las rompientes
de las hondas mañanas de la lucha
            [1994]

XV

basta un golpe
de aire sin mareas
para romper
el torso nítido del fuego
y clavar los hombros
a las huellas
que enhebra la angustia
 
no hay razón concéntrica
 
como el dolor
no tiene otro volumen
que la ausencia
 
como el temor
no tiene otra extensión
que las mordazas
 
como el silencio
no tiene otra textura
que la herida
 
si aprendemos
en los ojos batientes
de la memoria armada
el verdadero curso
de la sangre que se yergue
            [1994]

____________
Santa Cruz de Tenerife: (Inédito), 1996.

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